La llegada de la Preciosa Sangre al continente americano sucedió en 1844, cuando el sacerdote suizo Francis Brunner, el primer no italiano en la congregación, fue invitado a los Estados Unidos para ayudar en la vida evangélica de los migrantes alemanes. Así se estableció la primera Provincia en el nuevo mundo, ubicada en la diócesis de Cincinnati, en la región este del país norteamericano, en el actual estado de Ohio. Ya en el siglo XX, los misioneros se establecieron en California al oeste, Kansas en el centro y Texas y Florida en el sur.

En cuanto a Latinoamérica, los misioneros llegaron primero a Brasil, en 1929, provenientes de la provincia teutónica (Alemania), ya Chile en 1947, provenientes de Ohio, estableciendo vicariatos en ambos países.


El Concilio Vaticano II

El Concilio Ecuménico VAticano II fue uno de los hechos más importantes sucedidos dentro de la Iglesia Católica en el siglo XX. Con una duración desde 1962 hasta 1965, fue convocada por el Papa Juan XXIII y concluido por su sucesor Pablo VI.

Vaticano II surgió de la necesidad de la Iglesia Católica de adoptar la evangelización a la par de un mundo que cambiaba con una repidez impresionante. A partir del término de la Segunda Guerra Mundial y la división bipolar del planeta entre países capitalistas y comunistas, la Iglesia vío cómo los drásticos cambios políticos, económicos y sociales configuraban la sociedad en donde ella se desenvolvía. Por lo tanto, era necesario revisar ciertos aspectos que podían considerarse retrasados para las exigencias del mundo moderno.

Entre las principales reformas que se promulgaron en el Concilio destacan la celebración de la misa en el idioma de cada nación y no únicamente en latín, y el cambio de posición del sacerdote a la hora de realizar la misa, de cara a los feligreses. Las misiones adquirieron nuevamente una relevancia importante, sobre todo aquellas dirigidas a los países del tercer mundo ubicados en Asia, Africa y América Latina.

En el dereto Ad Gentes se hace un especial enfásis en la actividad misionera de los miembros de la Iglesia. Aquí se manifiesta que el fin propio de la actividad misional es la evangelización e implantación de la Iglesia en los pueblos o grupos en los que todavía no ha aparecido.

Siguiendo más adelante con el decreto, se hace una diferencia entre la actividad misionera y la actividad pastoral que hay que desarrollar con los fieles. Ambas actividades. sin embargo, están muy estrechamente relacionadas con la acción misional de la Iglesia.

Y más adelante se menciona la importante labor de los catequistas quienes, llenos del espíritu apostólico, prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para la propagación de la fe y de la Iglesia. Y, dada la importancia de estos servidores. es necesario que su educación sea óptima para que puedan ajustarse a los nuevos desafios de la sociedad moderna y se conviertan en eficaces colaboradores de los sacerdotes. Por ende, es necesaria la multiplicación de estos centros de enseñanza en donde se estudie la doctrina católica y el mejor método para llevar a cabo la catequesis y la práctica pastoral. Debe haber, además, cursos con los que los catequistas renueven sus métodos de enseñanza y así se nutra su vida espiritual.

En síntesis, Vaticano II no solamente fue un intento de modernizar la Iglesia litúrgicamente sino que, además, buscó una mayos participación de los feligreses. La Iglesia no estaba compuesta solamente por los sacerdotes ordenados sino por todos los bautizados -religiosos y laicos.


Llegada al Perú: la misión en la Oroya

En abril de 1961, el padre provincial de Cincinnati, John Byrne CPPS, realizó un viaje de exploración al Perú, desde los Estados Unidos, con el objetivo de estudiar la posibilidad de establecer una misión. Ya en la capital peruana, se entrevistó con el obispo de Ica, ALberto Dettman, quien le manifestó su preocupación por la falta de sacerdotes en la zona de Chincha. Sin embargo, los primeros intentos por instaurar una misión en el Perú no tuvieron frutos, ya que el Consejo temía que esta debilitara el Vicariato de Chile.

Lejos de renunciar a su proyecto, el padre Byrne decidió viajar nuevamente a nuestro país en marzo de 1962 con el próposito de visitar y conocer la localidad de Chincha; sin embargo, se le comunicó que el obispo de Ica no había esperado a los padres de la Precios Sangre, y ya había entregado Chincha a otra comunidad religiosa, los padres Vicentinos.

Ante la situación confusa ocurrida en Chincha, el 20 de marzo de 1962 se renieron en Lima los padres John Byrne y Paul Buehler, este ultimo proveniente del Vicariato de Chile, con el Nuncio Monseñor Romolo Carboni, representante de la Santa Sede en el Perú. En la reunión, el Nuncio les pidió que consideraran establecer una misión en la provincia de Yauli, en el departamento de Junín. La capital de dicha provincia era el distrito minero de la Oroya, ubicada a 3725 msnm. En aquella época, la empresa encargada de la actividad minera era Cerro de Pasco Copper Corporation, que se encontraba en dicha localidad desde 1922.

En un comienzo, el padre Byrne dudó sobre la oferta que el Nuncio realizaba, la razón era simple: prefería un lugar con menos altura y mejor clima. Sin embargo, se dieron cuenta de la necesidad de sacerdotes que tenía el lugar, ya que para 1962, La Oroya contaba únicamente con un cura que servía en una localidad de aproximadamente 70000 personas. Ambos sacerdotes pensaron que si los trabajadores de la minera habían logrado adaptarse al clima hostíl, ellos también podrían hacerlo; además vieron la necesidad de llevar un mensaje de fe a la fría localidad. Era un enorme reto.

Al día siguiente, los padres Buehler y Byrne viajaron durante seis horas hacia La Oroya, en el llamado Ferrocarril Central del Perú. En este punto, es bueno compartir algunos datos interesantes sobre este tren. Su instalación empezó en el año 1870, bajo el gobierno del presidente José Balta, famoso por haber iniciado una muy ambiciosa política de construcción de ferrocarriles. La ruta comenzaba en el puerto de El Callao, llegaba a la capital y desde allí subía a los Andes por el valle del río Rímac hasta la ciudad de Huancayo. El tendido se realizó por tramos, llegando a La Oroya recién en 1893 y a Huancayo en 1908. Por mucho tiempo fue considerado más alto del mundo, ya que la ruta alcanza los 4835 msnm. En la actualidad, el Ferrocarril Central ocupa el segundo lugar, superado desde el año 2006 por el ferrocarril Qinghai-Tibet, en China.

Al llegar, los dos sacerdotes se reunieron en Huancayo con el obispo titular, Monseñor Jacinto Valdivieso, el director de personal de Cerro de Pasco Copper Corporation, Jack D'Arcy, y la señora Ana Hickey, representante de la comunidad católica, quienes les hablaron de la urgente necesidad de una ayuda espiritual para La Oroya. Así, el 8 de julio de 1962, se anunció que los Misioneros de la Preciosa Sangre se instalarían en La Oroya para empezar su labor apostólica en el Perú. Tendrían a su cargo tres parroquias: San Antonio de Yauli, en Yauli, e Inmaculada Concepción y Cristo Rey en La Oroya.

La misión peruana comenzó a trabajar el primero de noviembre, día de Todos los Santos, de ese mismo año. La dirección recayó en el padre Pablo Buehler, acompañado por los padres Guillermo Beuth, José Herber y Leo Matasicky. Al año siguiente, se les unieron los padres Guillermo Frantz, David Kettleson, Ricardo DeCavitt y Leonardo Kistler. Más adelante, entre los años 1964 y 1967, llegaron los padres Edgar Jutte, los hermanos Eugenio y Jerónimo Schmidt, José Hinders y Tomás Brenberger.

Las primeras acciones de los misioneros consistieron en realizar concilios parroquiales, promover la catequesis en las parroquias e incluso compraron una casa rodante para poder acceder a los lugares más alejados de la provincia. Se pueden entender lo difícil que debió ser para muchos de los misioneros trabajar bajo las extremas condiciones climáticas de La Oroya. Para personas que habían nacido y crecido en el llano, el frío y la altura de la puna peruana debió de representar un enorme reto físico y espiritual. Lo riguroso de la situación hizo que algunos misioneros se desanimaran y regresaran a Estados Unidos.

Tal como se dijo anteriormente, una de las características del Concilio Vaticano II fue la de llevar la iglesia hacia los feligreses mediante acciones sociales; esta implicba salir de los templos y desarrollar una serie de obras. En ese sentido, una de las más recordadas es la labor realizada por el padre Geraldo Dreiling, quien llegó a La Oroya en 1969. Su visión de la misión era que debía tener un mayor contacto con la población; eran ellos quienes tenían que acercarse al pueblo.

Esta nueva función social fue muy bien recibida por la gente. Incluso, el padre Geraldo llegó a abrir una clínica de medicina preventiva, a la que llamó "Alma" en honor a su madre, y que fue financiada mediante una donación anual de la compañía minera. Otra de sus obras fue la realización de un campamento de verano para los hijos de los obreros, que se llamaba "Colonia de David". Desde 1981 hasta hoy, el Padre Dreiling trabaja en la parroquia "Nuestra Señora de la Luz", en el distrito de Comas.

Como se puede observar, los Misioneros de la Preciosa Sangre lograron vencer las inclemencias del clima y afianzarse en la siempre difícil ciudad de La Oroya. Entre los numerosos padres que llegaron a los Andes peruanos se encuentran Ernesto Ronly, Jaime Bender, Santiago Gaynor, Robin Urrutia, Dionisio Alberca y Aurelio Chipana, este último oriundo de Yaulí. Además destaca el hermano Jerónimo Schulte, más conocido como "el padre trabajador", por su participación activa en las obras de construcción que se realizaban en La Oroya.

Las obras de esto padres fueron muy diversas y de diferentes índoles, efectuando trabajos en el campo, educando a jóvenes como catequistas, construyendo el Centro Pastoral. Así se impulsaron las misiones entre la problación joven y la catequesis se extendió al hogar llevando una guía espiritual a las familias. También se fundó el comedor "Hogar San Gaspar" para la población de la tercera edad.

En el año 2012, la Preciosa Sangre presente en La Oroya cumplió su aniversario número cincuenta de trabajo permanente. El 1 de julio se celebró una misa a cargo del arzobispo de la Arquidiócesis de Huancayo, Monseñor Pedro Barreto Jimeno, junto con el vicario episcopal, José Deardorff y otros sacerdotes de la congregación: Dionisio Alberca, Santiago Gaynor, Aurelio Chipana, Tomás Chamaya (director de la misión peruana en ese momento), Nino Calderón y Hilton Rodriguez.

La Misión cuenta con una instalación que sirve como espacio de formación para las nuevas vocaciones. Este lugar recibe el nombre de "Casa Gaspar" y se encuentra en el distrito de Magdalena. El impulso para la formación de la casa llegó del Nuncio Apostólico en 1982 y - mediante los esfuerzos del padre Ernesto, de organizar y preparar catequistas en el "campo" - se recibió a los primeros candidatos al sacerdocio. La Casa Gaspar abrió sus puertas el 15 de agosto de 1984 y los primeros sacerdotes peruanos de la Preciosa Sangre fueron los padres Dionisio Alberca y Robin Urrutia.