San Gaspar

Por: Tomás Chamaya, C.PP.S.

 

El contexto actual de la vida religiosa

Permítanme presentarme: Me llaman Tomás Chamaya Alva, nací en Cayaltí (empresa agroindustrial) hoy distrito de Cayaltí, si desean saber más de mi pueblo visiten www.cayalti.com. Estudio en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya de los padres Jesuitas. Allí realice mis estudios de Humanidades y Filosofía; y en el mismo lugar continuo mis estudios de Pedagogía (ya termino este año); también estoy realizando el Bachillerato en Educación en la Universidad “Cayetano Heredia”. Actualmente, me desempeño como profesor de Filosofía y Religión en el colegio San Francisco de Borja.

Sigo viviendo experiencias muy ricas en la vida religiosa ya que el día 21 de enero del 2006 realice mi incorporación definitiva a los misioneros de la Preciosa Sangre como hermano de la misma congregación, luego de ocho años de formación que me han servido para consolidar mi vida en el servicio y entrega generosa al proyecto de la Iglesia.

Me gusta mucho leer, investigar, el dibujo y la pintura; también me gusta cultivar las flores y otro tipo de plantaciones. Tengo afición por algunos animales (especialmente las aves) a algunos les tengo pánico, como a las serpientes, ratas y ratones, algún día les contaré la experiencias no gratas que he experimentado con estos animales. Luego de esta pequeña introducción quiero presentar un ensayo producto de mis lecturas y reflexiones personales en torno al papel que desempeña un hermano en la vida consagrada.

Más que identidad del hermano en la vida religiosa me gustaría hablar sobre el sentido de pertenencia de un hermano a la vida religiosa, y hablar en este sentido es situarse en el contexto actual de la vida misma.

San Gaspar del Búfalo, fundador de los Misioneros de la Preciosa Sangre , aporta muchas novedades a la vida consagrada y que esta ligada a la vida. Refunda el sentido de las misiones y el sentido de la vida en una comunidad basada en el vínculo de la donación por amor. El sintió y respondió el impulso del espíritu que lo guió por el verdadero camino hacia la verdad (Juan 16,13), en un contexto de angustias y esperanzas del pueblo, más concretamente de los más débiles.

Acabo de incorporarme definitivamente como hermano a la congregación de los misioneros de la preciosa Sangre. ¿Es un nuevo modelo de la vida consagrada? No. Los hermanos de la vida consagrada tienen su historia, sin embargo creo que ha sido devaluada desde sus orígenes; porque el hermano en la vida consagrada siempre fue el portero, el enfermero, el barbero, con una carga peyorativa que hasta ahora es difícil de salir de ella. “El hermano es aquel que no es capaz intelectualmente” “eres hermano entonces te encargas del servicio o de las cosas o quizá del campo ” dicen algunos. Todas estas actividades las considero como un excelente servicio; sino que los constructos mentales se realizaron en base a una jerarquía presente dentro de la Iglesia. Ya que ser sacerdote era signo de poder, de realeza tanto en lo religioso como en lo político. Ambos estaban muy ligados. Entonces el hermano se ubicaba en un rango inferior, jerárquicamente hablando.

Sin embargo en lo que coinciden es que en ambos (sacerdocio o hermano) se busca una experiencia del seguimiento de Cristo y de la vida según el Evangelio. Pienso que nuestra vida esta centrada en Cristo y de hecho tiene que estar, con nuestros corazones enteros porque cristo no quiere corazones rotos en la vida religiosa, es por ello que nuestra principal tarea es crecer en la Buena Nueva y llegar a ser por esta vía, verdaderos cristianos y verdaderos seres humanos para el mundo de hoy.

San Gaspar nos dio una cátedra sobre la vida comunitaria porque la vivió y experimento en carne y hueso. En la vida comunitaria uno va forjando y consolidando su vida en y desde la experiencia con los demás. Dicha enseñanza que nos dejo Gaspar, es central para la vida religiosa porque nos ayuda a entender las relaciones fraternas que experimentamos en la vida comunitaria. En este sentido un hermano de la C.PP.S. esta en el centro de la vida comunitaria porque es un ser cercano, semejante y diferente al mismo tiempo, el que ama y se deja amar, el que no domina pero tampoco se deja dominar en el buen sentido de la palabra.

La misión con la vida y para la vida

Quiero seguir trabajando la idea de “vivir en misión y para la misión”, ya que es un aspecto importantísimo para nuestra comunidad. Sin embargo a veces ingresa en la mente de muchos hermanos el complejo de “clericalización de la C.PP.S” de la que nos cuesta liberarnos; es por ello que, tenemos que clarificar más el testimonio de nuestra vida fraterna centrada en la experiencia de fe, de entrega generosa y acogedora a todos; no solo a los que “me caen bien” como decimos acá en Perú: a mi “pata”, a mi “franela” es decir solo aquel que me limpia bien y que me echa flores.

La pregunta que siempre debemos tener presente sería ¿la congregación debe mantenerse como esta? ¿Todos deben aspirar a ser presbíteros para que ejerzan diversos ministerios de tipo sacerdotal? o también la posibilidad de ser hermano de la Preciosa Sangre. Sendos son necesarios y enriquecedores para la comunidad porque están centradas en la vida. En este sentido me gustaría llamar sentido de pertenencia. La identidad, es muy compleja, porque somos una comunidad intercultural, pluricultural. Hablar de sentido de pertenencia quizá es mas claro, porque pertenecemos a una comunidad, pertenecemos a una misión sin importar de donde vengo, si soy blanco, si soy moreno, si soy trigueño; o si soy peruano, colombiano, brasileño, boliviano, americano; la mayor riqueza es que “pertenecemos a...”

Es por ello que la vocación de hermano en la vida religiosa, hoy, merece una debida atención. Es una opción que enriquece la vida de la comunidad, de la Iglesia y la sociedad ya que desde esta opción se pueden inspirar eficazmente proyectos tanto personales como comunitarios que aportan en gran medida y fortalecen la misión.

Conozco a muchos hermanos religiosos que han respondido a los evangelios de estar en comunión con los pobres y respondiendo a las necesidades urgentes a través de múltiples trabajos. Tantas experiencias, tanto, personales como la de otras personas me ayudan a promover, alimentar y profundizar en nuestra vocación de religiosos hermanos. Es por ello que pienso que sería provechoso para quienes optamos ser hermanos religiosos a fortalecer nuestro sentido de pertenencia a la comunidad forjada en el compromiso con los demás.

Tanto en la comunidad C.PP.S como en otras comunidades hay muchos hermanos que realizan trabajos interesantes: Tenemos enfermeros, profesores, técnicos agrícolas, mecánicos, arquitectos, ingenieros, contadores, entre otros; gracias a Dios no nos faltan experiencias y ejemplos concretos de hermanos que demuestran una gran capacidad para estar en comunión con las personas; hermanos que nos muestran el modo de seguir los pasos de Cristo. Al cumplir la misión que Jesús nos ha dejado, van forjando un sentido de pertenencia que era muy clara a los ojos de las mismas personas a las que Jesús mismo sirvió en su vida. Es por ello que el auténtico espíritu de la misión esta en el servicio a los demás, en el servicio al prójimo y ¿quién es el prójimo? Creo que esta pregunta ya fue respondida por Jesús en los evangelios.

Santos Mateo Lázaro Javier es hermano de la congregación de los misioneros de la preciosa Sangre de la misión Peruana. El empezará a estudiar cursos teológicos y eso es importante para un hermano C.PP.S ya que ello permitirá participar en la misión de proclamar y de ser testimonio vivo del Evangelio. Principalmente hoy en que, Jesús es el agricultor en los campos, el vecino del barrio, es el niño de la calle, es el vendedor de un mercado, ¿Qué más modelo podemos pedir? Solo nos hace falta ser audaces para poder seguir desarrollando proyectos que puedan ser fuente de luz para los demás.

Hermanos Promotores de paz y Reconciliación

Una respuesta concreta al desafío de estar trabajando con las personas implica interiorizar una visión para establecer relaciones con dichas personas que muestran la posibilidad de vivir en paz y unidad.

En nuestros días mal interpretamos la diversidad ya que se presta para crear divisiones entre las personas, y esto lo notamos en las relaciones sociales, políticas, religiosas, culturales, etc. El conflicto, la violencia, la guerra llegan a ser modos habituales de afrontar las diferencias en la vida. Tarea nuestra es, entonces, mostrar que las diferencias entre la gente son gracias y bendiciones para celebrarse, no cargas y molestias para incomunicarse.

En este sentido “La vida religiosa tiene que ser réplica profética a las penurias de la sociedad en un tiempo específico. Aumenta en nuestro mundo las relaciones fragmentadas y es por ello que, juntos con las otras personas que quieren apostar por un mundo mejor, seamos testimonio de una comunidad que se reúne unida, que viven su fe compartida, apoyando el crecimiento personal trabajando juntos hacia un tiempo nuevo y mejor. Esta visión invita a los hermanos a comprometernos en los varios movimientos que ayudan a crear armonía entre los diferentes grupos cuyas diferencias han llevado a los conflictos. En nuestro país y en los países vecinos, esto incluye conflictos entre la gente de varias razas y grupos étnicos, religiones y tradiciones de fe, clases y culturas.

Hermanos, no clérigos

Cuando tenemos el contacto directo con las personas en los lugares donde nos toca trabajar, casi siempre llaman padre y uno les explica “no soy padre, sino hermano” y nos responden….”esta bien padrecito”. Es curioso este tipo de relación que uno inicia con las personas. Por ello es necesario para nosotros, hermanos, proyectar nuestro sentido de pertenencia de manera positiva; si bien es cierto que todos somos hermanos por el bautismo, por ser hijos e hijas de Dios; sin embargo hay algo que nos hace diferentes y esto radica en que somos personas de vidas consagradas. No somos clérigos, no estamos ordenados, no somos seminaristas. Somos hermanos que pertenecemos a una congregación religiosa y servimos desde lo que hacemos; y si prestamos atención a esta observación, ya nos damos cuenta y podemos responder a la pregunta que siempre nos hacemos ¿Qué es un hermano?. Muchos hermanos religiosos se vieron envueltos o se ven envueltos en una crisis de identidad, por ello es mejor hablar de sentidos de pertenencia para evitar ambigüedades, cosa que para mi no me preocupa porque vivo la vida gozosa y significativa en la compañía de los demás trabajando para vislumbrar la presencia del Reino de Dios en nuestras vidas. Nosotros hermanos experimentamos el dolor, el sufrimiento cada vez que acompañamos a los pobres, a los enfermos, débiles y humildes y estoy convencido de que es allí donde esta la riqueza del amor de Dios, es decir en la donación hasta las últimas consecuencias y es allí donde somos promotores de paz y reconciliación; es decir que estamos en el centro de la fragmentación humana.

Desde la profesión donde te encuentras, desde el trabajo que compartes, desde la edad que tengas te has preguntado ¿puedo ser hermano consagrado a la vida religiosa? o ¿Estoy viviendo mi opción de hermano consagrado con claridad según el evangelio y según la misión encomendada por Cristo? Y si no eres hermano consagrado a la vida religiosa ¿te gustaría serlo? ¿Te animarías a trabajar como misionero hermano desde la profesión donde te encuentras?

Hasta pronto y ánimo en el camino que estamos recorriendo que aun no esta finalizado, me despido con el famoso verso de un gran poeta (Antonio Machado) “Caminante no hay camino, se hace camino al andar ” y diría que este camino no lo hacemos solos sino con los otros y de la mano con Cristo nuestro guía.

Imagen modificada del original creada por Mónica Torres