Por: Aurelio Chipana, C.PP.S.



La tarde era de las más placenteras ese día de Emaús. Los árboles y las montañas distantes en el aeropuerto apenas llegado a Cajamarca les mostraban esa serenidad y amistad a la llegada de los amigos de Emaús. Detrás de los coposos árboles el pueblo empezaba a despertarse entre el letargo del humo del desayuno.

El centro de la ciudad daba a notar su larga historia. La época de la conquista, Atahualpa, Francisco Pizarro y toda esa historia que no provocaba volverla a interpretar. La plaza acortada porque en sus inicios habría sido más anchurosa, la Iglesia franciscana destaca rápidamente por su belleza labrada en granito.

La delegación de amigos se ha dividido tres a tres, dos más que han llegado vía terrestre por motivos imprevistos, se disponen a buscar una base de su visita. Todos contemplan los atractivos de la ciudad. Al mirar a sus espaldas ven la catedral a medio construir, pero los detalles de su belleza son múltiples. La piedra es hermosa en sus paredes y en sus laboriosos labrados. Los árboles le dan una cadencia más al ambiente, mientras una escolar a esa hora apura sus pasos hacia el colegio.

Sin mucho regateo, ya se han enterado de los lugares atractivos que ofrece la ciudad, y entre varias ofertas se han decidido prontamente por uno que promete sería el que los guíe por muchos lugares. El primer destino cumbe mayo. Los datos alientan que no sería muy lejano, el clima ayuda en ese momento y en la fantasía se fijan las figuras de rocas que da entender un lugar enorme y con muchas elevaciones y casi espinoso de recorrerlo todo.

Salida hacia el cerro Santa Apolonia. Por este lado se agrupan casas que cubren todos los espacios. Sólo más allá de las casas aparecen cerros límpidos bordeados de gruesos nubarrones.

Avanza el tour por caminos que exponen casitas modestas, pero llenas de luz y alegría por sus campos de sembríos que ofrecen el chocho o tarwi y muchas plantaciones y árboles de todo tipo. Pero las vacas típicas de estos lugares causan entusiasmo, se suben a los diferentes estratos donde aparece el agua pura como atractivo. Se ve a la espalda el espectáculo de la ciudad en toda su dimensión, las campiñas separadas por hilera de eucaliptos, el sol calienta lo justo y la temperatura es agradable. En la parada del camino se abastecen de refrigerio para continuar la trayectoria.

Arriba en las cumbres a más de tres mil metros estimulan el ambiente los árboles, el viento y el agua, puesto que lo demás es llanura campesina que presenta un aire bucólico. Se cruza la estepa y baja por una calzada llana, hasta que de pronto así de sorpresa emergen las formaciones pétreas. Insólita, porque la zona es llana esencialmente y con ralo herbaje. Pero estas rocas son salidas de la nada, un oasis en la llanura. Es un capricho de la naturaleza. Inquietantes, nada factibles de deducir. Va revelando su belleza, su candor pero sin saber qué ciertamente es la raíz de su encantamiento. Son indefinibles, inauditas demasiado raras pero agraciadas. ¿Porque están aquí, será el extremo de otros parecidos? Preguntas que quedan sin respuesta.

Construcciones con fragmentos de granitos, presentan varios niveles, quizás tres. Un grupo al frente apartado y dos niveles que forman una hondonada atiborrada de pinos.

Bejucos atípicos a esta franja florecen y más allá otro conjunto de columnas monolíticas se distingue. Del paradero final del viaje en bus se desciende abruptamente por unas gradas de rocas al encuentro de las rocas más extrañas, acompaña el declive arbolillos de quenual. Frente a estas formaciones se ve una composición de arte pre-inca y figuras naturales que sin preludios invitan a todo tipo de imaginación. Emprende un diálogo del visitante y las rocas que irrumpen a mundos complicados de entender cabalmente cuál es su mensaje central.

Hay señales claras de que es un lugar de culto, lugar de encuentros de las sociedades nativas antiguas. Especie de ágoras con gradas labradas en la roca y ámbito para no más de cinco o menos personas. En los muros hay grabados que con un poco de paciencia se puede descifrar el mensaje. Culto a los dioses ancestrales, ¿El agua? ¿La cosecha? ¿Al sol?. Dos grandes tallados sobre la roca principal semejan dos columnas en bajo relieve, sería un anuncio del significado del lugar. A continuación se ven figuras ficticias como la risa de un sapo u oso trepando a la cima. Ahora se puede conjeturar un gran monstruo amigable que camina encima de los visitantes con su cuerpo cubierto de protuberancias.

Figuras que diferencian los géneros femenil y varonil que podría ser indecoroso pero es sólo una formación rocosa. Un socavón es la siguiente sorpresa inconcebible pero real, parecen las zancas traseras de un camello, por entre ellas está la boca del pasaje. Es de forma sesgada e instiga a ingresar, pero sobrecoge la lobreguez y la garganta.

Ahora, es de figurarse hacia abajo el paredón del altillo como gruesas barras que con el paso del tiempo se han corroído y unido como ensambladuras. Todo esto bajo un fondo llano y de esparcida vegetación y ambiente de montañas. Los musgos que rodean los cerros también vislumbran su encanto, con su color pardo y disparidades.

Al otro lado del conducto cambia la atmósfera, es otro estrato, se ha subido por el boquerón. Contiguo a la salida se estaciona un monolito gigante con las manos hacia adelante, un águila trepando, roedores gigantes, babosas que escalan en hileras. De la puerta del pasadizo se abre un amplio camino de piso de tierra sombría, bordeado de malezas tupidas que va a otras alineaciones. Unos agrupamientos de árboles fragmentan los campos. Una casita modesta de campo es la antepuesta a un conjunto de rocas que forman el cerro. Una parte se parece a un grupo de gente expatriada como danzantes o guerreros disfrazados, la otra parte parecen restos de murallas de alguna rara edificación. Todo está misturado de selvas de pino que se han adaptado bien a fin de descollar madura belleza. Aparte hay como restos de una columna derruida.

En pleno llano de verdes pastos, queda una roca como restos de una gran masa de arcilla que algún cíclope trabajara y cuyos dedos gigantes han dejado marcas al medio. Se puede imaginar además una compuerta de entrada a un fortín.

Recorriendo por los llanos repletos de forrajes de toda clase empieza una declinación al cañón de espectacular hermosura. Seductora, satisfactoria, solvente de encantos. Innumerables detalles, curiosidades. Coloreado de hierbas, cerros, rocas con columnas antojadizas, matices de cada cosa, como un despropósito de cantería.

Es de sospechar que los antepasados no pudieron resistir tanto encantamiento y les habrá servido de recreo todos estos desfiladeros y recodos.

Imponentes espinos, estirados ichus, matojos de flores aleonadas en su sazón, vida silvestre. Encuentro con columna oronda de rocas prietas y grises donde se ve una gran máscara de hombre en cuyo ojo tiene un ornamento de flores dóciles. Al fondo, enorme peñón colocada encima de otra, liberada, como bloques.

Matorral y roca estigmatizada de figuras albas, seguido de un enorme farallón como de algún castillo rancio, sigue un conjunto de rocas sobrepuestas como las de un inmueble moderno, las piezas son puntales rectos sólo juntados. Sigue el camino alegre y las flores áureas hasta llegar a otro talud con esquina perfecta, dándole la idea de otro recinto. Sigue otra parte de la majada donde tienen su pedestal estos parapetos de rocas como talladas. Granitos formidables que actúan como divisorias en los espacios rasos. Más allá un contiguo de vetas como barreras que dan acceso entre ellas a calles y pasajes. Otra parte tiene columnas que culminan en puntas o cabezas con sombrero, se pasa luego a un muro admirable de peñón con separaciones de dos líneas exactas, cual fábrica actual.

Cañón a cuyo paso pareciera que las rocas se espantaran y huyeran abriendo el paso. Todos son cuartones separados. Muchos tienen líneas perfectas.

Ahora el camino se ha hecho ajustado pero placenteramente afable. Se une el arroyuelo que queda oculto en el fondo, sólo se oye su murmullo alegre y diferente. Encima de los tabiques circulan unos pinos jóvenes. Más allá los desnudados campos de pastos ralos.

Formidables picos de rocas que han sido jaloneados como grandes fracciones de arcillas, da la idea de un soldado de doble rostro con su escudo. Otro guerrero de espaldas. En esta parte las bases de los cerros parecen tallos de árboles. Ahora se ve notoriamente al soldado completo cargando su enorme broquel defensivo.

Aparece en escena una Iglesia con sus dos campanarios a sus lados. Otra torre más, abandonada de alguna antigua construcción. A unos pasos otra torrecilla que le pide ser amiga ya que son vecinas.

Otra formación de rocas que evidencian otro Santuario con sus torres dilapidadas por el paso del viento, su nave luce alargada, profunda y su pórtico cuadrado. Una calle separa a otras construcciones arruinadas. La calle parece una alameda repleta de árboles desordenados.

Una legión de gigantones caminan hacia la cresta, van muy acoplados en pilastra, parecieran estar jugando, pero sus rostros están sosegados. También hay una agrupación de monjes de espaldillas que caminan en talante de adoración.

Ahora ven un grupo de rocas clavadas libremente unas de otras. Parajes llenos de embrujo por sus pequeños espacios y vegetación. Sirena recostada dentro de una gran concha marina. Pórtico con grabado surrealista encubierto con delicada vegetación. Tres matronas caminan una detrás de la otra. Le siguen enormes bloques seccionados en las uniones de la pared, una cruz oscura perfecta consagra el lugar.

Gran pared fraccionada en tres cuartones asemeja una fortaleza de la antigüedad, asoman calles claras, despojos de peñascos desglosados de lo alto tratan de encubrir al arroyuelo que se ha hundido en su lecho con el paso del tiempo. Otros tabiques le siguen, son perfectos bien acabados, de edificios pétreos de varios pisos circundado por vergeles muy selectos. Le siguen cuatro longas columnas con una tajadura en diagonal por la cara. En la primera se aprecian unos bembos de un hombre oriundo. Prosiguiendo un agregado de obras que escalan hacia la cima. Aparición de unos musgos amarillezco. Despojos de rocas enormes han caído al fondo del camino y han erigido puentes sobre el riachuelo.

Ahora ven al gran cañón al revés, de abajo hacia arriba, hay rocas sueltas rectangulares teñidas con fuerte amarillo del musgo y matices de marrón y naranja. Al fondo quedan las paredes de supuestas obras con aristas similares a esculturas de personajes. Hace su aparición un grupo de columnas gigantescas y dos de ellas acaban en dos cabezas que claman al cielo.

El paisaje ha tomado los colores del medio día y los musgos son enrojecidos en las enormes rocas de los pisos. En la altura tres columnas se ven como apretadas una contra otra, sosteniéndose o zafándose. Otra parte de la columna yace echada en la parte baja.

Desde abajo, se ve en la cumbre una gran muralla de rocas. En el campo de verde intenso se ven las bases de restos de rocas caídas como paredes.

Ahora empieza el tema del agua. El llano al que se ha bajado muestra un rio mediano, diáfano. Todo está hermosamente pintado de verde y tan bien cuidado cual un jardín natural. Un camino señala claramente el sendero hacia dónde ir. Caminando un poco se ve un puente pre – inca, es puente de canal de agua, les da la bienvenida. Se distingue un canal recto hermosamente labrado por los antepasados en la roca viva, tratan de explicar un misterio. ¿Qué gran avance en sus conocimientos para elaborar esta arquitectura? Aquí el agua es controlada de tal modo que tiene gradientes para tomar velocidad y zigzag para frenarse, estudiado de manera que no permiten el desgaste de las rocas de granito, sino con el paso corriente del agua habrían desaparecido al canal. Para el paso del agua se han construido puentes y túneles sobre las rocas con un arte muy fino en el labrado de rocas según la necesidad del preciado elemento. Por entre las rocas atraviesan adorablemente las aguas. Flores de todo tipo bordean los alrededores del canal ingenioso. De entre ellas destacan unas flores como globitos amarillos o cabezas de peces que se mecen con el viento.

Ahora el circuito de rocas se han alejado y están como que contemplaran las aguas maravillosas del llano, aunque los cerros no beben el agua, son parte de este parque de hermosura.

Por el túnel de agua, al otro lado se ven las personas como en otra dimensión. De inmediato aparece la primera curva labrada con esquinas perfectas que sirven de freno al agua. Es un zigzag. Al costado las rocas circundantes lucen manchadas de pintas blancas naturales que las hacen curiosas.

Gran adelanto pre-inca en los trabajos de las rocas. Dos curvas con esquinas perfectas dan cauce sosegado al agua. Una roca de lo alto ha atropellado la roca labrada, pero el agua no ha perdido su cauce.

Se avanza hasta el punto divisorio del troncal de agua, se reparten las aguas que van a la ciudad de Caxamarca por la acequia labrada en la roca y otra que queda libre por su lecho natural que va hacia el atlántico en un largo viaje.

Otros paisajes semejantes aparecen, y es como si todas las cimas estuvieran bordeadas de murallas que con el paso del tiempo se han ido depreciando. La acequia se dirige al vértice donde están agrupadas columnas de rocas que hacen de umbrales de pórticos para el paso del agua. Hay muchos caminos y más rocas para imaginar un mundo nada común. Llega otro punto importante donde en la roca viva se ha labrado el zigzag para el freno del agua y pase con velocidad controlada. Se avanza ahora a un gran mesón que sobresale al llano y es plana con una especie de cabecera en una parte de su extensión, construido evidentemente para dar culto al agua. El valor de cada lugar en esta área ha ido creciendo y estos labrados de rocas son más valiosos. Es lógico, aquí el hombre agradecía el don precioso del agua como fuente de vida. Otras rocas más, dan detalles de dicho culto. Un vivo riachuelo cruza pegada a la mesa, es el agua de la juventud. Al fin llegan al centro principal del rito al agua, es la toma antiquísima. Represa de rocas con escenario de asientos labrados de donde se descendía a la roca en medio de la acequia mayor donde se posaba el personaje para el rito del culto al agua. Mojarse el rostro, cruzar por los cuerpos, las piernas, los brazos y hacia arriba al viento. Cada quien a su turno. En todo el verde del entorno sobresalen rocas blanquecinas como quien las combinara con su color gris natural. Todas bordadas de flores, ichus de largas cabelleras las acompañan. El agua tranquila circula y viaja sin cesar por este camino y acequia.

Se prolongan hacia el fondo rocas vestidas de musgo marrón y otras con el lomo pelado y blanqueado donde brilla intenso el sol. Es el lugar perfecto, soñado. Invita a quedarse para siempre aquí. Es el centro de donde brota el agua de la felicidad, que da vida en su caminar.

Las rocas labradas están en exceso manchadas de blanco como un alba hecha girones de un gordo monaguillo, todo contribuye a la mayor belleza. Por debajo del puente se va y tuerce el agua en las curvas, viaja al parecer sin retorno, pero volverá en las lluvias para su nuevo viaje. En lo alto otras rocas como centinelas vigilan el horizonte.

Ahora empieza un camino junto a los canales labrados, una larga caminata con detalles nuevos, historias y mensajes. Es el momento de la separación de los amigos de Emaús con estas aguas y las rocas ancestrales, maravillosas.