Oración a San Gaspar por la Iglesia

San Gaspar, tú amaste a la Iglesia perseguida y por ser fiel a Dios aceptaste la prisión y el exilio. Te rogamos, intercedas por la Iglesia de hoy; ayúdanos a discernir cómo debemos vivir y predicar el Evangelio.
Que nuestros corazones, unidos al tuyo, sean compasivos con los pobres y abandonados.
Aumenta nuestro amor a la Sangre de Cristo, para que así también nosotros estemos prontos a arriesgar nuestras vidas.
Bendecimos y damos gracias al Padre por tus obras y tu ejemplo.
Fortalece nuestra unión contigo para que no nos venza el desaliento, sino al contrario, seamos fortalecidos en nuestra vocación para la gloria de Dios y le salvación de la familia humana.


Oración a San Gaspar por las Vocaciones

San Gaspar, tú fuiste llamado por Cristo en tiempos de conflicto.
En tu encarcelamiento descubriste ser vasija nueva, abriéndote a una nueva esperanza.
Por tu celo ardiente, invitaste a otros a vivir en el vínculo de la caridad, formando comunidad para fomentar los méritos de la Sangre de Cristo.
Promoviste la reconciliación de los marginados, reconstruyendo la Iglesia y la sociedad.
Enséñanos a construir también en futuro diferente con en espíritu nuevo.
Que la Sangre derramada por Cristo sea la fuente de un compromiso que recoge la vida y que fermenta desde nuestra historia y tradición nuevo vino.
Este nuevo vino es nuestra esperanza y nuestra unidad de seguir a Cristo.
Seamos testigos a la vocación que hemos sido llamados.

Amén.


Oración de Misionero

Señor Jesús, bendice nuestras vidas para crecer en un Espíritu Misionero inspirados en el testimonio de San Gaspar.

Por el poder de tu Sangre fortalece nuestros esfuerzos, guiando nuestra vida misionera para ser luz y esperanza consolando a los abandonados, a los desesperados y aquellos que nadie ama.

Unidos en el vínculo de la caridad, entreguemos nuestras vidas e ilusiones al servicio de las misiones para que todos conozcan tu amor, oh Jesús.


Oración a San Gaspar

San Gaspar, tu supiste entrar en el misterio de la Sangre de Cristo.
Hiciste de la Preciosa Sangre la fuerza animadora y vigorizante de toda la vida.
Por eso fuiste un constructor de la justicia, del cambio eclesial y social.
Con el poder de la Sangre de Cristo, te enfrentaste diciendo a las fuerzas del mal: "Prefiero morir antes que jurar" o "No puedo, no debo, no quiero".
Somos tus hijos/as.
Ayúdanos a ser fieles a tu espíritu y a tu obra en la Iglesia y en el mundo de hoy.
Enséñanos a ser verdaderos discípulos de la sangre de Cristo, como tú lo fuiste.
Que aprendamos cada día mejor a caminar donde el grito de la Sangre nos pida ir.

Amén.